La historia del fútbol está repleta de historias increíbles, de eternas luchas de David contra Goliath y de hazañas inverosímiles, que permean en la sensibilidad de los aficionados que dan sentido y aliento a una pasión inagotable. El rival del Valencia en dieciseisavos, el Celtic de Glasgow, tiene una de estas heroicidades a sus espaldas.

Corría el año 1967 y, de forma sorprendente, the celts se convertían en flamantes campeones de la UEFA Champions League, entonces conocida como Copa de Europa. Contra todo pronóstico, un club al que la competición doméstica se le había quedado pequeña se alzaba vencedor en la máxima competición del viejo continente.

Lo más asombroso de semejante gesta fue el extraordinario dato de que el once alineado en la final de Lisboa por su técnico, Jock Stein, estaba compuesto en su totalidad por jugadores que habían nacido dentro de un ratio de 30 millas con respecto al estadio -unos 48 kilómetros-.

El conjunto católico de Glasgow logró elevar al máximo exponente la idea de potenciar el sentimiento de pertenencia a un escudo contando con jugadores de la casa. Futbolistas dispuestos a todo por defender el escudo más laureado de Escocia, convirtiéndolo en el primer club británico en conseguir el cetro continental.

Conocidos desde entonces como “Los Leones de Lisboa”, futbolistas como Ronnie Simpson, Billy McNeill, Jimmy Johnstone o Stevie Chalmers grabaron sus nombres con letras de oro en las páginas de historia del balompié europeo tras vencer en la final al Inter de Milán de un ilustre de los banquillos como Helenio Herrera.

El goleador y héroe de aquella final, Chalmers, por ejemplo, nació y vivió en Royston Road, a tan solo 2’8 millas de Celtic Park, por lo que prácticamente podía escuchar desde el jardín de su casa el atronador estruendo del feudo verdiblanco cada fin de semana durante su niñez. Chalmers le entregó la gloria al equipo del que siempre se declaró aficionado.

Una proeza de semejantes dimensiones sería imposible en nuestros días por la mayor libertad de los jugadores para moverse por el mundo y la asfixiante presión del mercado, sobre todo en campeonatos más indefensos económicamente como el escocés. No obstante, solamente dos conjuntos han conseguido reinar en Europa con un once puramente autóctono: el Celtic y el Steaua de Bucarest -cuya defensa la comandaba, por cierto, el ex líbero del Valencia, Miodrag Belodedici-.  

Descubre la historia completa de los Leones de Lisoboa con la revista ‘8 insignes que desafiaron a Europa de  Pau Pardo y Joan Sendra.

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