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La corta carrera de Fran Villalba ha sufrido un sinfín de idas y venidas. Ha saboreado la ilusión de debutar con el primer equipo y la frustración de verse sin minutos en el Mestalla. La montaña rusa, que parecía bajar a velocidad de vértigo tras alcanzar su punto álgido, ha estabilizado su marcha y ha vuelto a situar al del Cabanyal en el centro de las miradas. La próxima temporada tendrá, como cedido, una gran oportunidad de demostrar que quiénes auguraban en él un gran porvenir no iban desencaminados.

El talentoso canterano jugará cedido en el Numancia tras renovar con el club. El conjunto de Soria es una buena plaza para que Villalba demuestre de nuevo sus dotes futbolísticas, un billete de ida a la élite que espera no desperdiciar. El Valencia le seguirá muy de cerca, pues vuelve a ver en él un futbolista que puede alcanzar el primer equipo.

El mediapunta debutó muy joven en la primera plantilla bajo el mandato de Gary Neville, pero su adaptación fue gestionada de manera nefasta. Esa misma temporada, el jugador entrenó con el primer equipo, el Mestalla, el juvenil de Youth League y las selecciones valenciana y española, por lo que no encontró ninguna estabilidad en un momento en el que necesitaba tranquilidad y una senda clara que recorrer. En sus primeras apariciones dejó gratas sensaciones, pero nadie le ayudó a dar correctamente unos pasos tan importantes como son los primeros en la élite.

Debut con el primer equipo de la mano de Neville – Valencia CF

Tras esa temporada, su protagonismo cayó en picado y no pudo ni tan siquiera asentarse en el once de un filial, por aquel momento comandado por Curro Torres, que apostó por jugadores de carácter más veterano como Quim Araujo o Eugeni. El chico que impresionó a Mestalla parecía diluirse como un azucarillo en aguas revueltas. De hecho, el pasado verano no hizo la pretemporada con el primer equipo.

Con otro status, la pasada temporada se presentaba como el último tren al que cogerse para volver a ver su futuro en blanquinegro. En la primera fase de la campaña, con Lubo Penev al frente, reinó el desorden táctico y el juego benefició más a velocistas como Ferrán o Rafa Mir que a jugadores más técnicos como Gonzalo Villar o Fran Villalba.

Con la llegada de Miguel Grau todo cambió. El de Yátova apostó muy fuerte por él en todos sus esquemas y le adaptó a todas las variantes. Al principio actuó como ‘10’ entre línea, pero con la definitiva conversión al 4-4-2, el del Cabanyal pasó a jugar en las bandas –principalmente en la derecha-.

Lo que parecía una demarcación antinatural para su juego se convirtió en un estímulo para el futbolista, que respondió mostrando su mejor nivel desde que saltó a la palestra. Su despliegue en banda supuso un ‘boom’ de juego, de atrevimiento y descaro. Partiendo desde el costado, facilitó el juego a los laterales, conectó con el medio campo y encontró un socio formidable en Kangin Lee en el último tramo del año.

Los seis goles –que le sitúan tercer máximo goleador del equipo junto a Álex Blanco- y los múltiples pases de gol refrendaron el renacer de un jugador que, desde el momento que debutó, demandaba un marco de confianza en el que dar rienda suelta a sus cualidades. Miguel Grau se lo ha dado y se ha ganado la oportunidad de brillar en la categoría de plata para poder regresar totalmente curtido. La varita del ‘Mago del Cabanyal’ vuelve a funcionar.

 

*Foto de portada: Paco Rius en http://www.canteravalencianista.com/

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