Hoy se cumplen 20 años del fallecimiento de Juan Ramón, uno de los grandes emblemas del Valencia CF. Este vasco de lejano origen valenciano portó el brazalete de capitán en el Valencia que logró alzar su primer título. A pesar de una vida marcada por la tragedia, Juan Ramón supo reponerse de todos y cada uno de los golpes recibidos para sacar siempre lo mejor de sí mismo. Admirado y respetado dentro y fuera del verde, el zaguero dejó su huella impregnada en el valencianismo para convertirse en inmortal. Sus hazañas portando la zamarra che tan solo son comparables a su historia personal que, debido al contexto histórico que le tocó vivir, no puede más que agrandar su leyenda.

Orígenes y primeros pasos 

Juan Ramón nació en Erandio, Bizkaia, el 8 de marzo de 1912. Dejó los estudios y comenzó a jugar en la Sociedad Deportiva Erandio Club de su pueblo natal con 16 años, compaginando su afición al balón con un trabajo en una fábrica de muebles. En su primer club, pronto destacó. 

Con apenas 18 años fichó por el Alavés para defender los colores del conjunto babazorro en la temporada 1930/31 en la máxima categoría del fútbol español. Juan Ramón demostró tener potencial, pero durante su primer año en club de la capital vasca tan solo disputó un partido, viendo su progresión frenada por la inamovible pareja de centrales Ciriaco-Quincoces que por aquel entonces gobernaban la zaga albiazul. Ante la falta de oportunidades en el Alavés, Juan Ramón decidió volver al Erandio, donde jugó dos temporadas más. 

Orígenes y primeros pasos

Con 21 primaveras, Juan Ramón tenía muchas ofertas para salir de territorio vasco. Una de ellas, planteada por un ingeniero de Altos Hornos de Sagunto, filial de Altos Hornos de Vizcaia, que acudía a Bilbao con regularidad, llamó poderosamente la atención del central. Sobre la mesa quedó la posibilidad de jugar en el Gimnástico de Valencia, actual Levante UD. En gran parte condicionado por los orígenes valencianos de su primer apellido, decidió aceptar.  

En la temporada 1933/34, fruto de su buen hacer, tres grandes clubes españoles habían puesto la mirada sobre el futbolista erandiotarra y querían hacerse con sus servicios: Espanyol, Sevilla y Valencia. Juan Ramón no dudó y tomó la decisión de seguir en la tierra de su bisabuelo uniéndose al Valencia CF. Así daba comienzo la leyenda. 

Mito del valencianismo

Partidos

Minutos

Victorias

Empates

Derrotas

El Valencia de aquella época utilizaba una formación 2-3-5, siendo Juan Ramón la última línea defensiva junto a Álvaro, otro imponente zaguero con el que formaría una sociedad inexpugnable. A una capacidad excepcional para colocarse sobre el verde y una depurada técnica se sumaba un físico portentoso que cuidó al detalle. Su profesionalidad llegó hasta tal punto que el futbolista blanquinegro, hasta el día de su retirada, entrenó todos los días del año sacrificando sus vacaciones. Rápido y rocoso, Juan Ramón pulió sus cualidades defensivas a lo largo de los años y, cuando la velocidad comenzaba a fallar, agudizó la inteligencia. Enfocado en tareas defensivas, nunca abandonó su posición para unirse al ataque y, de hecho, tan solo logró anotar un gol oficial con el Valencia en toda su carrera, frente al Atlético de Madrid en el Metropolitano, y de manera fortuita, puesto que el tanto fue fruto de un potente despeje que se envenenó y acabó sorprendiendo al guardameta rival. 

El Valencia de mediados de los años 30 era conocido como un equipo duro y aguerrido. Sin embargo, aquella fama no hacía justicia al juego de Juan Ramón. El de Erandio nunca fue un defensor leñero, más bien al contrario. Nunca jugaba al límite del reglamento ni se excedía en el contacto. A lo largo de su carrera sufrió múltiples lesiones de considerable gravedad, desde una nariz rota que le dejó una marca visible de por vida hasta un brazo partido, pasando por otras magulladuras como dos fracturas de pierna. La prueba más fehaciente de su deportividad es que tan solo fue expulsado en dos ocasiones a lo largo de su carrera a pesar de ser uno de los dos defensas encargados de contener las acometidas rivales. 

El primer partido de Juan Ramón trajo buenos presagios. Su debut con el Valencia tuvo lugar el 21 de octubre de 1934 frente al Real Betis en el Heliópolis, venciendo el conjunto de la capital del Turia por 0-1 gracias a un solitario gol de José Vilanova. Aquella temporada, y las dos siguientes, el Valencia logró de forma holgada el objetivo de la permanencia. 

Las siguientes temporadas, marcadas por el parón liguero debido a la Guerra Civil, supusieron una de las épocas más doradas del club con Juan Ramón portando el brazalete. Sobre aquel capitán valencianista podrían escribirse cientos de textos alabando su figura como futbolista a lo largo de las 15 temporadas y 426 partidos que disputó con el murciélago en el pecho. No obstante, su trascendencia puede verse simplemente echando un vistazo a su palmarés: tres ligas, dos Copas del Generalísimo (actual Copa del Rey) y una Copa Eva Duarte (actual Supercopa de España). Una de aquellas Copas del Generalísimo, lograda en 1941 frente al Espanyol, supuso el primer título nacional de la historia del conjunto blanquinegro. 

Portando la elástica valencianista, Juan Ramón fue llamado en dos ocasiones por el seleccionador español para disputar partidos internacionales contra rivales de enjundia, Italia y Alemania, en una época en la que no era tan habitual disputar partidos fuera de las fronteras nacionales. 

Siempre ligado al club

Tras alzarse campeón de la Copa del 49 frente al Atlético de Madrid y con 38 años que no se notaban en lo que a físico se refiere, Juan Ramón perdió la condición de titular indiscutible y Carlos Iturraspe, entrenador del Mestalla, le sugirió que jugase para el filial valencianista, en serios apuros, para intentar mantener la categoría. Ramón, en vista de poder ayudar al equipo de sus amores, acepta “bajar” al filial para ejercer de estandarte y referencia. 

Con 40 años, siendo capitán y líder indiscutible del Mestalla, Juan Ramón logró el ascenso a Primera División tras una espléndida temporada en la que se acabó en segunda posición tras el extinto CD Málaga. Por desgracia, el sueño del filial valencianista de jugar con los grandes del fútbol español se vio frustrado por la Federación, que impidió que se consumara el ascenso logrado sobre el campo. 

En ese momento el defensa vasco decidió colgar las botas, asegurando que, de haber ascendido el CD Mestalla, hubiese seguido jugando, puesto que tenía fuelle para continuar dando guerra en la retaguardia. A pesar de ello, siguió ligado al club de sus amores como ojeador, descubriendo a otro de los históricos del Valencia CF, a quien vio como su heredero en la zaga che, Voro. 

Más adelante, decidió probar en los banquillos, llegando a entrenar al Mestalla. También se aventuró a dirigir fuera de la entidad y pasó por el Badajoz, el Eldense, el Ceuta, el Elche, el Sabadell, el Mallorca, el Castellón, el Racing de Ferrol, el CD Málaga y el Ontinyent. No pudo, sin embargo, ponerse al frente del Valencia CF, lo que siempre quedó como un sueño frustrado.

Tragedias antes, durante y después de la guerra 

La vida de Juan Ramón estuvo marcada por las pérdidas. A muy temprana edad su madre falleció, por lo que fue criado por su tía Severi junto a su hermana María del Mar y su hermano Julio, a quien profesaba una gran admiración y quien también se convertiría en futbolista, aunque de menor éxito, a pesar de que Juan siempre aseverase que su hermano era mejor que él. En el 36, con permiso del Valencia, viajó a Erandio para casarse con su novia de toda la vida, Carmen Sertucha, con la que tendría tres hijos, los dos anteriormente mencionados y Carlos, que lamentablemente falleció poco antes de cumplir un año de vida. 

Como les sucedió a todos los españoles, la Guerra Civil supuso un antes y un después en la vida de Juan Ramón. Militante del PNV y republicano, el inicio del conflicto surgió cuando disfrutaba de unas apacibles vacaciones en Bilbao junto a su mujer. Debido a su ideolgía antifascista y al partido por el que simpatizaba, fue llamado a unirse al Euzko Gudarostea, el ejército vasco que luchó por la república, declinando la oferta. 

La guerra destrozó familias y dibujó un panorama obscuro y desolador en toda España, y Ramón no fue una excepción. Su hermano Julián, modelo a seguir y referente, murió asesinado en el centro penitenciario El Dueso, en la localidad cántabra de Santoña, debido a las torturas que le infligieron durante su estancia. Su padre, el único progenitor que le quedaba tras la temprana pérdida de su madre, murió en un campo de concentración de Camposancos, en Galicia, debido a la caquexia, una alteración del organismo que se caracteriza por desnutrición, deterioro orgánico y gran debilitamiento físico. Por último, su tío murió en la construcción del Valle de los Caídos tras ser obligado a realizar trabajos forzados durante la construcción del monumento. Tras alzarse campeón de la Copa del Generalísimo dos veces con el Valencia siendo capitán, Juan Ramón se vio obligado, al recoger el trofeo, a darle la mano al máximo responsable de segar la vida de sus familiares. 

Del Valencia hasta cuando su memoria se apagaba
Títulos

Copa de La Liga

Copa del Generalísimo

Copa Eva Duarte

Juan Ramón se había convertido en inmortal. Aquel hombre era ídolo y referente de toda una afición, el capitán de uno de los Valencias más laureados de la historia y, aun así, poseía la humildad para ayudar a sus compañeros e incluso, en una ocasión, ejercer de utillero cuando el susodicho enfermó, preparando los uniformes y el material para el resto del equipo. Alguien cuyo nombre bautizó a un modesto equipo del fútbol valenciano, el CF Juan Ramón. Un hombre que había vivido en el barro y ascendido a los cielos y que, sin embargo, a pesar de que su figura jamás moriría, él sí se veía afectado por el inexorable paso del tiempo. 

Mientras vivía en Valencia, con 80 años ya cumplidos, Juan Ramón padeció demencia senil. Poco a poco sus recuerdos se apagaron, su memoria se fue, pero hubo algo que bajo ninguna circunstancia olvidó. 

Un día cualquiera, Carmen, la esposa de Juan Ramón, volvió a casa y se percató, horrorizada, de que su marido no se encontraba en el domicilio. Ante el suceso, llamó a la hija de ambos, María del Mar, para explicarle la situación. Al salir a buscarlo, María sugirió acudir a un punto concreto de la ciudad, Mestalla, donde dieron con Juan.

Mi hermana, que conocía a mi padre a base de bien, sugirió que fuéramos a Mestalla, y allí le encontramos, en pijama y zapatillas, dando paseítos cortos esperando a que abriesen. Un hombre de 80 años que se marcha de casa y al único sitio al que se le ocurre ir es a Mestalla, eso es un remate para una historia realmente bonita, contó visiblemente emocionado el hijo del exjugador en el podcast ‘Cien años cien historias’ de Fran Guaita.

Juan Ramón perdió retentiva, pero nunca se olvidó del Valencia y, al igual que él hizo, nosotros no debemos olvidarle. En otro contexto, en una ciudad con memoria, quizás el nombre de Juan Ramón aún se escucharía en los callejones y en las canchas de barrio, hoy en día esa no es la realidad. Rescatemos su figura.

Juan Ramón falleció el 15 de octubre de 1999. 

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