El Valencia logró rescatar un punto en el choque frente al Sevilla con un gol en el descuento que sirve de premio de consolación en la pelea por los puestos europeos. Varios factores tienen la culpa de este resultado.

  1. Los últimos 20 metros son un abismo

La sensación que dio el Valencia sobre todo en el arranque de la primera mitad era de cierto dominio, pero un dominio totalmente estéril debido a la falta de ideas y soluciones de los hombres de arriba con un Guedes renqueante, un Rodrigo sin olfato y un Mina intermitente. Fue Soler el que más peligro trató de crear, aun siendo este insuficiente al chocarse una y otra vez contra la muralla hispalense.

Siendo honestos con los jugadores, este problema no es una cuestión de actitud. Los jugadores lo intentaron por todas las vías, hasta 16 disparos firmaron, 8 de los cuales se ejecutaron desde fuera del área por la incapacidad de rebasar ese abismo de 20 metros. El propio Gayà lo exteriorizaba con el encuentro ya finalizado: “Nos vamos jodidos”. Ellos lo habían intentado hasta el final.

 

  1. Mestalla se cansa del hombre por hombre

En vista de los déficits que se veían sobre el terreno de juego las miradas se dirigieron al banquillo, a la figura del entrenador Marcelino García Toral, teórico encargado de revertir la situación a partir de sus movimientos tácticos. Sin embargo, por desgracia hace mucho que los cambios no suponen eso mismo, un cambio, y una vez realizados siguen manteniendo el mismo escenario.

Siendo cierto que uno de los cambios es obligado por la lesión de Paulista, la entrada de Chéryshev y Batshuayi por Guedes y Mina no dejan de ser meros cambios de cromos, sin modificar nada, ni tan si quiera la innegociable formación, lo que provoca que el Valencia acabe por convertirse en un equipo predecible y sin soluciones.

 

  1. Poca capacidad para dañar por fuera

Teniendo en cuenta el dibujo planteado por Machín, un 1-5-3-1, con un medio centro muy poblado de hombres que dificultaba y de qué manera las conducciones por el carril central, obligaba de forma indirecta a jugar por las bandas, recurriendo en última instancia a los centros laterales, una opción que el Valencia no termina de lograr explotar, tan solo un 4% de acierto esta temporada.

Con la excepción del remate inicial de Garay y el propio gol de Diakhaby, los balones centrados por Wass, Soler y compañía rara vez encontraban a un destinatario vestido de blanco (hasta 34 centros colgaron). Con el medio colapsado y las imprecisiones en los centros el fútbol ofensivo de los de Marcelino se reducía a prácticamente nada, con todo lo que eso supone.

          4. Coquelin ejerce de líder y Diakhaby domina las áreas

Desde su regreso de la lesión Coquelin va asumiendo galones poco a poco respaldado por un trabajo y un rendimiento que lo convierten en un líder dentro del vestuario. el bajón de Kondogbia y el carácter de Parejo colocan al francés como el paladín del equipo. Frente al Sevilla volvió a ser de los mejores y se perfila como jugador indiscutible en el futuro.

Por su parte, Diakhaby demostró de nuevo su poderío por arriba, ganando el 100% de las disputas aéreas. Si frente a la Juve se le privó de anotar con un paradón y una jugada anulada por manos, contra al conjunto de Nervión se disfrazó de héroe para anotar el gol del empate en el descuento con el que era su primer gol con la elástica valencianista. El central es todo un baluarte por arriba.

 

  1. Poca capacidad de reacción

Tras encajar el gol visitante, la lógica invitaba a pensar que el equipo se volcaría para al menos lograr el empate, pero la realidad es que el Valencia fue incapaz de reaccionar. Los nervios y la precipitación suelen ser malos consejeros, y esa combinación dio como resultado un equipo dubitativo que regaló al Sevilla sus mejores momentos sobre el verde.

El problema se agrava si los jugadores que ingresan en el campo aportan poco o nada. Chéryshev y Batshuayi fueron espectadores de lujo, ni desborde del ruso ni pegada del belga. Entre los dos suman un único disparo a puerta y un solo regate completado, muy lejos de lo que se espera de ellos. Tuvo que venir el central que entraba de refresco para salvar los muebles.

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