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Pep Claramunt es, sin duda, uno de los mejores futbolistas de la historia del Valencia C.F. Ídolo de toda una generación, el centrocampista de Puçol fue considerado un adelantado a su tiempo por su manera de jugar vistosa y asociativa. Lideró al equipo de Di Stefano a la conquista de la mítica liga de 1971 y se convirtió en una figura de culto también a nivel internacional portando el brazalete de capitán de la Selección Española, a la que representó en encuentros correspondientes a tres ediciones distintas de la Eurocopa. A sus 73 años no se pierde un partido, analiza el fútbol con una profundidad pasmosa y colabora con un proyecto social a través del balompié en el barrio de La Coma.  

¿Cómo está llevando estos días sin poder salir de casa?

Aquí esperando a que pase la enfermedad que tanto daño nos está haciendo

Imagino que también echando un poco de menos el fútbol… 

Pues sí. Se echa de menos que llegue el fin de semana y haya partidos.  Se echa mucho de menos porque el deporte alegra a muchísima gente y el aplazamiento de las competiciones está afectando en todo el mundo…

La próxima era la Eurocopa y se aplaza un año. Su debut en la competición fue en el mítico estadio de Wembley ¿Cómo recuerda la experiencia de jugar ante 100.000 personas siendo usted tan joven?

Era un chaval muy joven y fue una grandísima ilusión poder jugar en un campo tan emblemático y que era la Catedral del Fútbol Mundial. Recuerdo también llegar a Londres con todo nevado, entrenar con el campo helado… El partido lo jugué en la banda izquierda por la lesión de Gento y otros extremos, yo venía de marcarle un hat-trick al Pontevedra el domingo jugando de extremo y Balmanya me puso ahí.Tuve una ocasión para ganar el partido, pero Inglaterra tenía un gran portero como Gordon Banks que lo evitó. 

Inglaterra venía pletórica de ganar el Mundial

 Tenían una gran selección con muy buenos jugadores; Bobby Moore, Jackie Charlton, Bobby Charlton… 

 A Bobby lo marcó de cerca su amigo Poli 

Poli hizo un gran partido. Su misión en el campo era anular completamente a Charlton, uno de los mejores del mundo en aquel momento, y estuvo extraordinario, haciendo un trabajo sensacional y no dejándole tocar la pelota. Lástima que pudiera decidir el partido a balón parado, era un jugador fuera de serie.

 

Era un chaval muy joven y fue una grandísima ilusión poder jugar en un campo tan emblemático. Era la Catedral del Fútbol Mundial.

En aquel partido se vio un Claramunt con desborde  jugando en posiciones de ataque

Era muy versátil. Los jóvenes teníamos ilusión, ganas de triunfar y nos entregábamos al máximo para responder a lo que nos pedía el entrenador. Cuando empecé jugaba de interior, extremo y otras demarcaciones. En todas ellas fui internacional. Pero lo que está claro es que mi mejor posición era la del centro del campo como se pudo ver a lo largo de mi carrera. En el medio tenía muchos espacio por delante y por detrás.

En el 70 Di Stefano le entrega la manija del equipo en el centro del campo

Me proporcionó gran libertad de movimientos para ejecutar mi manera de entender el fútbol, no me marcó una zona concreta, sino que me dejaba aparecer por todo el campo y moverme por donde quisiera. Eso me permitió entregarme y rendir mucho más. 

Alfredo fue el que mejor entendió mi fútbol y me ubicó en una posición en la que di un salto cualitativo importante dado que era un jugador con más participación en el juego. De hecho, el año que fuimos campeones me nombraron como el mejor jugador del campeonato. 

Mucha gente que le vio jugar dice que por condiciones hubiera encajado en el fútbol de ahora. ¿Está de acuerdo?

Sí, porque tenía cambio de ritmo, velocidad, desborde, me iba muy bien en el uno contra uno por las dos bandas. Sobre todo porque en mi época ya buscaba el juego de conjunto, tirar paredes… Jugar al fútbol de una manera parecida a la que se está interpretando hoy en día.

¿Qué diferencias ve entre el fútbol de los 70 y el actual?

Quizás el fútbol no se podía ejecutar a tanta velocidad porque los terrenos de juego y los balones eran mucho peores, los campos estaban mucho más secos… Yo de hecho rendía mejor cuando jugábamos por la noche porque el balón corría mejor con el rocío sobre el césped y creo que para mí hubiera sido ideal poder jugar en los campos actuales. 

Otra diferencia que veo es que los contrarios están mucho mejor preparados ahora y los sistemas tácticos son mucho más rígidos y desarrollados. Son dificultades añadidas, pero creo que yo me hubiera podido adaptar a ellas.

Creo que encajaría en el fútbol de ahora porque tenía cambio de ritmo, velocidad, desborde, me iba muy bien en el uno contra uno por las dos bandas. Sobre todo porque en mi época ya buscaba el juego de conjunto, tirar paredes… Jugar al fútbol de una manera parecida a la que se está interpretando hoy en día

Algo no ha cambiado y es que el Valencia triunfó desde la solidez defensiva -solamente encajó 19 goles-  Parece que es la identidad asociada al éxito. 

Así es, porque nosotros en aquella época practicábamos un juego de contragolpe, con un bloque defensivo muy fuerte y mucha gente en mediocampo. Jugábamos prácticamente sin delantero, solíamos tener un falso ‘9’ como Forment o Pellicer, que son más bien medias puntas, en lugar de un delantero centro clásico. Ambos actuaban más cerca de los centrocampistas que del área.  

Nosotros partíamos con un bloque muy bien situado en nuestro campo y salíamos muy rápido al robar la pelota. Cuando atacábamos yo me incorporaba al área y acabé con un buen número de goles. El equipo estaba ideado para jugar así porque teníamos dos laterales como Antón y Sol que subían muy bien por las bandas, lo que nos permitía llegar al área contraria a gran velocidad y con mucha gente, así no nos hacía falta jugar con un delantero de referencia. Ese espíritu de equipo defensivo y contragolpeador nos llevó a conseguir el título de Liga.

En aquel equipo formó con Paquito una pareja de época ¿Cómo era jugar con el asturiano? 

Paquito era un jugador con unas condiciones extraordinarias y la tripleta que formamos con Poli fue muy buena, cada uno tenía sus características y sus funciones. Paquito era el hombre clave porque era sereno, tranquilo y nos cubría por detrás si Poli o yo, al ser más jóvenes, cometíamos algún error. Nos complementábamos muy bien y para mí Paquito fue una de las claves de que alcanzáramos tan buen rendimiento y pudiéramos ser campeones. 

Esa temporada se hace fijo en la selección y solamente la URSS les priva de meterse en la fase final

Yo creo que no merecimos perder. En Moscú perdimos 2-1, pero en Sevilla hicimos un gran partido. Ellos llevaban un gran portero -Evgeni Rudakov- al que fue imposible hacerle un gol a pesar de tener muchas oportunidades. 

Dada la contraposición cultural ¿Cómo fue jugar en la Unión Soviética? 

Yo recuerdo que hicimos un viaje muy controlado por parte de la URSS. En el autobús íbamos con dos policías y no nos dejaban salir a dar un paseo por ahí, siempre tenías encima a algún vigilante. Todos los viajes los teníamos programados y no había libertad, pero no nos molestaron en nada.  

El que le entrena es Kubala. ¿Con qué se queda del húngaro?  

Era un hombre muy amable, que se hacía con todo el mundo

Él le da la capitanía de la selección. ¿Cómo fue?

A mí me llega el brazalete gracias eliminatoria contra Yugoslavia en la clasificación para el Mundial del 74. Nos daban ya por eliminados por el empate a dos en Las Palmas en un partido que no jugué porque estaba lesionado. Para la vuelta yo seguía con mis dolencias por la ciática, que me tuvo un tiempo fuera y no se me curaba. Yo no estaba pudiendo jugar pero, aun así, Kubala me llamó y me dijo que tenía que curarme como fuese porque me necesitaba para el partido. Fui a Madrid a varios médicos y Gárate -jugador del Atlético de Madrid- me dijo que el médico de su club, el Dr. Ibáñez, podría curarme. Así fue. Estuve tres o cuatro días acostado en el hotel y los días antes del encuentro hicimos un partido de prueba en el entrenamiento, me sentí perfectamente bien y Kubala me dijo que por el esfuerzo que había realizado para estar con ellos sería el capitán de la selección española. Fue un gran honor. Empatamos y estuvimos cerca de eliminarles.

 

Brazalete de capitán de Pep Claramunt con la Selección Española. Foto: Copyright RFEF

Una vez retirado se ligó al fútbol en la secretaría técnica, pero… ¿Nunca le llamó ser entrenador? 

No me gustaba. Siempre me encantó la faceta de descubrir jugadores jóvenes como ojeador. Estuve en el Valencia y le propuse el fichaje de futbolistas que luego fueron grandes figuras como Cristiano Ronaldo, Didier Drogba o Isco. Por lo que sea no me hicieron mucho caso, pero yo tengo el orgullo de haber fichado a jugadores como Isco cuando era solamente un cadete. Disfruté muchísimo de la labor de descubrir a chavales e ir a estadios todos los fines de semana a ver jugadores. 

Ahora que está más alejado de todo ¿Sigue el fútbol con asiduidad? ¿Sufre o se pone nervioso?

Sufrir no sufro (risas). Veo el fútbol sin la tensión que tendría si estuviera trabajando en algún equipo, simplemente disfrutando. Pero veo mucho fútbol. Los sábados y domingos me paso las tardes enteras viendo partidos. Sobre todo del fútbol español, pero también del alemán o del francés. Del Valencia los veo todos. 

¿Se ve reflejado en algún futbolista o le gusta alguno especialmente?

Yo creo que las comparaciones siempre son malas. Admirar sí que he admirado a jugadores, pero no me gusta compararme con nadie, cada uno tiene unas condiciones. Pero del Valencia actual me gustan muchos jugadores, Parejo es un gran jugador, pero sobre todo los chavales valencianos como Gayà, Ferran, Soler, Jaume…. La gente joven que ha salido de la cantera está dando el do de pecho en un equipo con muchos altibajos.

Usted rechazó ofertas tentadoras y acabó siendo jugador de un solo club. ¿Cree que Gayà seguirá sus pasos? 

Decidir su futuro depende de cada uno. Yo decidí quedarme siempre en el Valencia y no atendí a las ofertas de otros equipos. Lo que yo deportivamente podía conseguir ya lo estaba haciendo aquí. Mi ilusión era hacer un Valencia más grande, que estuviéramos a la altura del Madrid o el Barcelona y pelearles los títulos. Todo el mundo hablaba de ellos y nadie lo hacía del Valencia y yo decía que algún día podríamos ganar ligas y copas. Ellos tenían mucho más presupuesto, pero en todas las plantillas en las que estuve yo durante mis doce años tenían un nivel importante y si nos lo hubiéramos creído podríamos haber ganado alguna liga más. 

Gayà lo está haciendo sensacional, es un jugador con una proyección extraordinaria, que se entrega en todos los partidos, es muy inteligente y tiene un gran futuro. Supongo que tendrá muchas ofertas, pero la decisión de quedarse en el Valencia ya depende de él. 

¿Y qué le recomendaría hacer a Ferran si estuviera en su situación?

Lo que tiene que hacer es dedicarse a jugar al fútbol y no marearse con su futuro, que ya tendrá tiempo de poder hacer lo que quiera, es muy joven y tiene unas condiciones extraordinarias. No todo en el mundo es el dinero, a veces miras más por eso y acabas perdiendo lo que a ti te gusta, que es ser feliz jugando. Y eso hay que valorarlo. 

Creo que es un poco temprano para cambiar de club y lo mejor sería una renovación con el Valencia, si no la quiere hacer de muchos años para consolidar un poco más su calidad, igual sí de dos o tres y podrá ganar más dinero en el futuro. No debe tener prisa y debe seguir jugando como lo está haciendo, siendo titular cada domingo, disfrutando del fútbol. La gente que tiene alrededor debe asesorarle bien para que el chaval siga creciendo y poder ser un jugador importantísimo en el futuro.

Análisis del juego de Pep Claramunt

De la mano de Di Stefano encontró su mejor versión siendo el líder en el centro del campo. 

Poli vs. Charlton

El compañero de Claramunt en el centro del campo, Manuel Polinario «Poli» hizo un marcaje sensacional a la estrella del momento, el inglés campeón del mundo, Bobby Charlton. 

Clave en el Valencia de Di Stefano

Que Kubala convocase para la Selección a un centrocampista y dos laterales no fue fruto de la casualidad. El Valencia C.F. era una roca en defensa con jugadores muy disciplinados de la mano de la «Saeta Rubia»

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