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David Silva es patrimonio del fútbol. El canario comenzó a demostrar en las categorías inferiores que era un jugador diferencial y diferente, curtiéndose en sus cesiones al Eibar y al Celta para regresar al Valencia, donde se convertiría en emblema blanquinegro y atraería las miradas de los gigantes de Europa. En la entidad de Mestalla se convirtió en un jugador de renombre y fue tras su salto a un equipo de primera línea en la lucha por los títulos como el Manchester City cuando David Silva adquirió otra dimensión. La llegada de Guardiola al conjunto inglés no hizo más que acrecentar la figura de un futbolista que ya había hecho historia.  Con la Selección, además, es el único valencianista que ha logrado la ‘Triple Corona’ (Eurocopa-Mundial-Eurocopa).

Allá a donde fue el ‘Mago de Arguineguín’ no cosechó más que éxitos y halagos. Unai Emery, que le conocía de primera mano tras haberle entrenado en el Valencia le recomendó a Pep Guardiola su fichaje para el Barcelona, y aunque aquello jamás se produjo, el catalán sí pudo disfrutar de él en el Manchester City, asegurando que era un futbolista que “lo tiene todo”. Sin embargo, no fue el único director técnico que tuvo a Silva a sus órdenes y se quedó prendado de su fútbol. Cuando llegó al conjunto cityzen en 2010, Roberto Mancini afirmó que era uno de los mejores jugadores del mundo y que estaba “a la altura de Xavi e Iniesta” y Pellegrini aseguró que era “un regalo verle jugar cada semana con el Manchester City”. Su excompañero Tévez, cuando Silva aterrizó en Manchester, le calificó como “el mejor fichaje del City” y afirmó que era “el tipo de jugador que puede ganarte un partido”. Otras estrellas del mundo del fútbol sin relación profesional con el canario también han cubierto de cumplidos a Silva y a su fútbol, como es el caso del exfutbolista Henry, que afirmó: “Para mí es el mejor jugador del Manchester City de largo. Quizá sorprenda alguna gente diciendo eso, pero siempre quiere ir hacia adelante y siempre quiere el balón, todo el tiempo. Me hubiese encantado jugar con él”.

Para mí es el mejor jugador del Manchester City de largo. Quizá sorprenda alguna gente diciendo eso, pero siempre quiere ir hacia adelante y siempre quiere el balón, todo el tiempo. Me hubiese encantado jugar con él

Thierry Henry

Es un futbolista que lo tiene todo

Pep Guardiola

Es uno de los mejores del mundo. Está a la altura de Xavi e Iniesta

Roberto Mancini

Es un regalo verle jugar cada semana con el Manchester City

Manuel Pellegrini

Es el mejor fichaje que ha hecho el Manchester City. Es el tipo de jugador que puede ganarte un partido.

Carlos Tévez

La llegada de Silva al club de Mestalla le valió para convertirse en estrella y, según el periodista y analista de Superdeporte César Izquierdo, en “uno de los mejores jugadores de la historia del Valencia”. Su participación con la Selección Española y su desarrollo en el Manchester City le convirtieron en una de las más brillantes del firmamento, consagrándole como uno de los grandes futbolistas de su generación. El conjunto valencianista pude presumir, no solo de haber contado entre sus filas con uno de los centrocampistas más talentosos de la época dorada del fútbol español, sino de que aquel ‘loco bajito’ salió directamente de su cantera. Izquierdo cree que Silva es “el mejor producto que ha dado Paterna”.  

Silva es un centrocampista con clara vocación ofensiva. Sus facultades y características le dotan de una capacidad privilegiada para asociarse con los demás. Cuando se entra a analizar a Silva es preciso entender que entrar a valorar al canario por sus cualidades individuales es un error porque, aunque posee habilidades propias que le convierten en un jugador excepcional, es en el desarrollo de la jugada, en la asociación con el compañero, cuando alcanza un estadio superior. Si se juzga a Silva por sus increíbles cualidades individuales como su control de balón, capacidad de regate o precisión de pase, es sencillo percatarse de la existencia de un jugador magnífico, pero podría inducirnos al error de no valorarlo dentro de un sistema o engranaje de juego, en la articulación del juego colectivo es el lugar en el que su figura cobra más fuerza. Su visión y capacidad de organizar el juego, junto con una tremenda habilidad para asociarse con los compañeros en el campo, son los elementos que han convertido a David Silva en uno de los centrocampistas más importantes de su época. 

Su primera participación en un gran torneo con España fue en la Eurocopa de 2008, cuando la Selección puso la primera piedra en su exitoso camino hacia la Triple Corona’. El Valencia venía de un mal año, a pesar de la consecución de la Copa del Rey, y Luis Aragonés decidió confiar en los integrantes de la plantilla blanquinegra, a pesar de ello. A Silva, concretamente, le otorgó un protagonismo absoluto. El vínculo del sabio de Hortaleza con el mediocampista español era especial, y Silva respondió de la mejor manera a la confianza de técnico.

La Eurocopa de 2008 fue el único gran torneo continental en el que Luis Aragonés dirigió a la Selección Española. El esquema predilecto del seleccionador fue el 4-4-2, y el centro del campo de aquella selección estaba compuesto por Silva, Iniesta y Xavi, tres futbolistas con una gran capacidad creativa y visión de juego, y por Marcos Senna, que a pesar de que también tenía capacidad de creación, su labor principal fue la de guardaespaldas. El doble pivote Senna-Xavi se podía catalogar dentro de una fórmula muy usual, un jugador de creación y un mediocentro de corte defensivo encargado de frenar las acometidas rivales y cortar el paso al contrincante. Sin embargo, los dos bandas, Silva por la izquierda e Iniesta por la derecha, no cumplían con los estándares de extremo clásico, todo lo contrario. 

En lugar de buscar futbolistas con velocidad y desborde, los interiores en la España de Luis Aragonés eran futbolistas con cerebro, organizadores con gran capacidad asociativa. En este esquema, los centrocampistas situados a las bandas orientaban sus desplazamientos hacia el centro, dejando los carriles libres para las subidas de los laterales. En el caso de Silva, el canario se desplazaba para ocupar espacio en el centro del campo en lugar de caer a banda, creando hueco en la zona izquierda para las subidas del lateral izquierdo, Joan Capdevila, que al igual que Sergio Ramos por la derecha generaba amplitud. De esta forma, Silva se internaba en tres cuartos de campo, el lugar en el que más daño podía hacer y más influencia tenía en el juego, y Capdevila, con su presencia, otorgaba un punto de apoyo en el costado permitiendo al canario moverse hacia el balcón del área y creando superioridad en la parte central del campo, en la que primaba la libertad total. Para analizar los movimientos de Silva y la cesión de la banda a Capdevila hay que tener en cuenta que España ejercía un juego que, aunque no mantenía tanta posesión como el de Del Bosque, basaba su peligro en la rápida circulación de balón y el ataque de posición. Que los laterales abrieran el campo era fundamental para descongestionar la zona de ataque. 

España se proclamó campeona de Europa con ese esquema y Silva firmó su mejor torneo con la Selección, dando un recital yendo de menos a más a lo largo del campeonato. Así lo atestigua el periodista de Superdeporte Pablo Leiva: “La Eurocopa de 2008 es la que de verdad nos hace darnos cuenta del tamaño del futbolista”. 

Con la era Aragonés terminada, Del Bosque cogió el relevo, manteniendo la fórmula, pero con su toque personal. Silva parecía seguir siendo una pieza clave en el engranaje de ‘La Roja’, y de echo partió como titular en el Mundial de 2010, pero tras la derrota de España frente a Suiza en el primer encuentro del torneo, Silva fue uno de los sacrificados. Tal y como explica César Izquierdo, con el técnico salmantino no llegó a alcanzar su mejor forma: “Su primera Eurocopa fue la mejor de todas, tuvo un nivel escandaloso y una regularidad espectacular. Con Aragonés activaba su versión, conectaba mucho, y con Del Bosque no encontró su mejor nivel”.

El canario desapareció de la ecuación y Vicente Del Bosque tan solo volvió a alinearlo en semifinales contra Alemania a falta de cuatro minutos para finalizar el partido. Afortunadamente, la pesadilla de David Silva se quedó en Sudáfrica. En los siguientes encuentros y en la Eurocopa de 2012, el canario regresó al once habitual y fue de vital importancia en el esquema de Del Bosque. Esta vez, ante la ausencia de un delantero referencia en España, el técnico salmantino decidió jugar con un 4-3-3 con falso nueve. En esta ocasión, Silva actuó de falso extremo y tuvo una importante participación anotando dos goles, uno de ellos abría la lata en la final frente a Italia en la que los españoles se impondrían con un contundente 4-0.

Silva fue uno de los futbolistas más talentosos de aquella España que maravilló al mundo, aunque quizá su poca participación en el Mundial y el desempeño de gran parte de su carrera fuera de nuestras fronteras truncó la visión del aficionado medio, el periodista Alberto Santamaría también cree que el centrocampista fue mejor de lo que se recuerda: “Silva es uno de los futbolistas que menos ha valorado el común del aficionado en España, como se marchó al Manchester City, juega en Inglaterra y su fútbol no lo vemos domingo tras domingo aquí en España, no hemos sido conscientes de la calidad de Silva, un futbolista increíble. Era un mediapunta capaz de ver los huecos en lugares en los que no los veía absolutamente nadie, que además tenía gol y contaba -y cuenta- con una pierna izquierda mágica”.

La incompleta triple corona de Bonhof

El valencianista Rainer Bonhof también logró acumular en su palmarés dos Eurocopas y un Mundial con Alemania. Sin embargo, el teutón no se alzó campeón de los tres torneos de forma consecutiva y no tuvo una gran participación en ellos, por lo que sus éxitos, aunque impresionantes, no alcanzan el mérito y la trascendencia de los de David Silva, que además formó parte de una generación de ensueño que, con una filosofía con copyright, dejó para siempre su huella en la historia del balompié.

Luis Aragonés le dio la alternativa

El seleccionador español dotó a Silva de gran libertad para ser desequilibrante y construyó un equipo con ADN propio que le aupó a la gloria.

Villa fue el gol

Luis Aragonés le dio la alternativa y él se convirtió en el ‘7’ de España. La decisión del técnico fue muy cuestionada, pero del asturiano demostró que fue un acierto y dio otra dimensión al frente de ataque español.

Uno de los líderes

Carlos Marchena fue siempre un fijo para Luis Aragonés en la retaguardia. Su capacidad defensiva y de adaptación a todo tipo de contextos le convirtieron en hombre clave del éxito español. 

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