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La Selección Italiana volvió a brillar en la Eurocopa de 2012 a pesar de su fatídica final contra España. Después de un lustro de decepciones, el combinado azurro sorprendió a toda Europa con un juego vistoso, alegre y muy trabajado. Su arquitecto no fue otro que Cesare Prandelli, que rompió con la tradición balompédica transalpina de ser un equipo defensivo y reactivo para pasar a ser un conjunto protagonista. Aquella actuación consolidó el caché del técnico lombardo, que dejó su impronta en la opinión pública como el hombre que había despertado a la fiera italiana.

“Siempre intentamos jugar al fútbol, esa es nuestra fuerza. Siempre dije que podíamos hacer un buen juego porque tenemos jugadores de calidad”, era la reivindicación de Prandelli en rueda de prensa tras vencer a Alemania en semifinales en uno de los mejores partidos del torneo. El técnico de Orzinuovi tuvo una férrea convicción en su propuesta futbolística; Italia debía jugar la pelota, ser atrevida, presionar arriba y mandar en los partidos. “Esa Italia jugaba bien al fútbol, tenía un estilo reconocible y a muchísima gente le hizo volver a creer en Italia después de unos años que venía de capa caída”, analiza el experto en fútbol internacional Pablo Leiva.

Contracultural, pero efectiva. La idea de juego de la Italia de Prandelli se divorció del clásico catenaccio porque tenía futbolistas para jugar a otra cosa. “El juego es determinante, la base de todo. El fútbol que piensa solo en especular es demasiado viejo. Buscamos una discreta posesión de balón porque tenemos medios de gran calidad”, explicaba en una entrevista concedida a El País.

El juego es determinante, la base de todo. El fútbol que piensa solo en especular es demasiado viejo. Buscamos una discreta posesión de balón porque tenemos medios de gran calidad

Césare Prandelli

Para poder llevar a cabo este juego a la práctica hubo múltiples claves. “Primero el querer ser protagonista le salió muy bien a Prandelli porque tenía como director de orquestra a Andrea Pirlo”, nos explica Alain Valnegri, principal referencia en el análisis de fútbol italiano y comentarista en Movistar Plus. La figura del centrocampista de Brescia fue absolutamente trascendental para entender el rendimiento de aquella Italia. El ‘21’ actuó como regista por delante de la defensa para articular y dar sentido a todo el juego azzurro. A sus 33 años venía de grandes años con la Juventus y su Eurocopa fue una auténtica masterclass de cómo debe jugar un pivote creador.

Con Pirlo en el epicentro de todo, Prandelli dotó al centro del campo de un ecosistema en el que pudiera aflorar su mejor rendimiento y emuló lo que hacía Antonio Conte en la ‘Juve’ para conseguirlo; rodearlo de futbolistas con una gran capacidad física, con recorrido para abarcar mucho campo y que no estuvieran exentos de calidad técnica para dar continuidad al juego. The Guardian los definió como bodyguards (guardaespaldas) en un análisis que publicó en plena Eurocopa. Ellos fueron Daniele de Rossi, Thiago Motta, Ricardo Montolivo y Claudio Marchisio, que rotaron durante la competición para reducir el desgaste de Pirlo en tareas de recuperación y permitirle orquestar el fútbol desde la base. Salida de balón, pases en corto o envíos largos más propios de un quarterback que de un centrocampista poblaban el amplio repertorio del  architetto.

Otra de las claves para entender el gran juego que desplegó el combinado transalpino fue la versatilidad del esquema, que pasaba del 4-1-3-2 al 3-5-2 con suma facilidad con De Rossi incrustándose en defensa y los carrileros tomando el campo contrario. El dibujo, maleable y dinámico, precisó de una segunda unidad que aportase frescura y que no bajase el nivel. Ahí florecieron nombres como el de Alessandro Diamanti y Emanuele Giaccherini, que según Alain Valnegri, “elevaron su nivel” en aquella competición. En defensa, además, contaron con “la gran afirmación de Chiellini a nivel internacional”, apostilla el analista.

En Valencia no triunfó

Tras varios experimentos en el banquillo, la llegada de Prandelli a Mestalla en 2016 elevó las expectativas en el valencianismo, que tenía en la retina el gran rendimiento ofrecido por su Italia en la Eurocopa de 2012. El técnico lombardo llegaba con buen cartel para levantar a un Valencia deprimido tras los periplos de Gary Neville y Pako Ayestarán al frente del equipo, pero la cosa no funcionó y acabó derivando en una guerra abierta entre la propiedad y el entrenador, que acabó dimitiendo en diciembre.

“Prandelli llegó al Valencia en una época muy convulsa en la que pidió una serie de cambios y se los negaron. Se dio cuenta que con Peter Lim al frente había que pasar por lo que él dijera y se dio cuenta de que él así no iba a trabajar. Él quería tomar las decisiones en todo momento a nivel deportivo y la ideosincrasia del Valencia no lo posibilita, las decisiones tienen que pasar por el máximo accionista y por eso Prandelli tomó la decisión de decir adiós en aquellas navidades”, relata el periodista valenciano Alberto Santamaría.

El capítulo más célebre de aquella guerra abierta fue el “fuori” que pronunció el entrenador en rueda de prensa en referencia a los jugadores que a su juicio no sentían amor por la camiseta y que fue la antesala de su adiós, escenificado en la sala de un hotel con una comparecencia en la que denunció la deslealtad Suso García Pitarch, director deportivo de la entidad por aquel entonces.

Prandelli declaró que el club estaba dirigido por “personas de números” y que el fútbol necesitaba “pasión”, comentario que fue contestado con dureza por Anil Murthy: “en tres meses ha sumado seis puntos”. Y con ello se firmó el triste epílogo a la corta estadía del italiano en Mestalla, un entrenador que devolvió la sonrisa a Italia, pero que no pudo ser el entrenador que el valencianismo quiso o imaginó.

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