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24 temporadas llevaba el Valencia C.F. sin alzarse campeón de Liga hasta que, con la aquiescencia del presidente Julio de Miguel, en la temporada 70/71, Vicente Peris y Alfredo Di Stefano construyeron un equipo ganador. Indagando en las crónicas y los datos de aquella temporada, dos guarismos llaman la atención sobre el resto: 15 porterías imbatidas y solamente 19 goles encajados en todo el campeonato. El murciélago se alzaba sólido de nuevo.

Un servidor tiene la firme creencia de que todos los estilos de juego son igual de válidos, pero lo que es innegociable para alcanzar el éxito es la fidelidad a una identidad. Solamente conocerse a sí mismo, tener un plan y saber cómo ejecutarlo puede acercar a equipos con un presupuesto menor al de sus competidores a superarlos en la competición. Los bandazos, los cambios repentinos y las medias tintas auguran normalmente un fracaso inminente. 

En el caso valencianista se ve con meridiana claridad. La raigambre al estilo ‘bronco y copero’ ha sido tradicionalmente la fórmula para situarse entre los más grandes. Marcelino ha sido el caso más reciente, de su mano llegó un título más de una década después y a pesar de que se le pudo tildar de ‘cabezota’ por la intransigente lealtad a su idea, los resultados deportivos le avalan y, por conectar con el leitmotif de este especial, la larga lista de internacionales opositores a disputar la Eurocopa de 2021, también.

El asturiano, no obstante, es la punta del iceberg. Con los Héctor Cúper, Claudio Ranieri y, sobre todo, Rafa Benítez, el Valencia C.F. ha vivido tiempos de bonanza y cosechado logros incluso mayores. Con matices y diferentes formas de trabajar, los tres guardan en común el liderazgo y las ideas claras. Compitieron con los mejores desde la solidez, la militancia de sus jugadores a la causa y la ambición de no conformarse con quedar en segundo plano.

Que el club aportase seis jugadores a la Eurocopa del 2000 -que se jugó tras la estadía en el banquillo de Ranieri y Cúper- y cinco a la de 2004 –tras el doblete con Benítez- es un gran reflejo de la dimensión que ha adquirido la entidad de Mestalla cuando ha sabido a qué juega y ha sido fiel a su manera de entender el fútbol.

¿A qué juega ahora? La dificultad para contestar es verdaderamente preocupante y mirar hacia atrás puede volver a ser clave para encarar el futuro. El Valencia se juega como club su presencia entre los mejores y sus jugadores un hueco en la cita internacional del año próximo. En la historia está la respuesta. Que le echen un ojo.

Un equipo rocoso

El Valencia C.F. volvió a saborear el éxito liguero de la mano de Di Stefano practicando un juego férreo atrás y vertiginoso en el contragolpe.

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