La ‘Década Ominosa’ fue el periodo histórico español comprendido entre 1823 y 1833 que correspondió al último tramo del reinado de Fernando VII. Desde 1820 a 1823, España se rigió por la Constitución de Cádiz, redactada en 1812 y de carácter liberal, lo que significó un notable avance de derechos civiles e igualdad. La vuelta de Fernando VII a territorio español, con la ayuda de Francia, supuso el fin de dicho periodo liberal y la vuelta al absolutismo. En ese momento, España volvió a teñir su futuro de un gris muy oscuro. Ciento sesenta años después, el Valencia C.F. viviría su particular Década Ominosa tiñendo el panorama del mismo color. Entre 1982 y 1992, la entidad de Mestalla no vivió su mejor etapa deportiva y, durante aquellos diez años, excepto una irrisoria excepción en lo que a minutos se refiere, los valencianistas no participaron con sus selecciones en ninguna Eurocopa.

Corría el año 1978 cuando el club aprobó la ampliación de sus gradas para aumentar la capacidad del feudo valencianista, por aquel momento denominado Luis Casanova. El motivo fue la celebración del próximo Mundial 82 que se celebraría en España. De hecho, todos los grandes equipos españoles comenzaron a realizar remodelaciones y mejoras en sus estadios de cara a la gran cita, en la que actuarían como sedes o subsedes. El Benito Villamarín, el Bernabéu y muchos otros estadios sufrieron un lavado de imagen para mostrarle al mundo, en el mayor evento deportivo del año, que el fútbol español también era moderno y eso incluía sus campos. Los propios equipos fueron obligados a realizar dichas reformas, pero también debieron costearlas por completo. A pesar de que la Federación afirmó que los beneficios del acontecimiento irían destinados a pagar gran parte de las obras, finalmente no fue así. Este hecho perjudicó al Valencia y se convirtió en el detonante de una de las peores crisis que haya atravesado jamás la entidad valencianista, tanto a nivel económico como deportivo.

Tal y como recoge la página web Ciberche, tras la celebración del Mundial 82, las arcas del Valencia se encontraban vacías y las deudas del club se habían ampliado tanto como sus gradas. La inestabilidad económica contagió a la plantilla y sobre el verde el conjunto valencianista cuajó una temporada digna de olvidar. Tanto fue así que, de no ser por un milagroso cabezazo de Tendillo en la última jornada frente a un Real Madrid que se jugaba ser campeón de liga, el equipo de la capital del Turia hubiese bajado esa misma temporada 1982/83 a Segunda División.

En mi caso los dos últimos años que estuve en el Valencia fueron muy desagradables. Se marcharon grandes jugadores del equipo y vinieron otros que, sin desmerecerlos, no tenían en esa calidad y entramos en un bache increíble. Fue muy desagradable todo.

Enrique Saura

Reflexiona casi 40 años después sobre las temporadas previas al descenso

A la campaña siguiente, la 1983/84, como toda empresa a la que acecha el déficit financiero, la entidad de Mestalla decidió buscar financiación vendiendo activos importantes, y como en todo equipo de fútbol, los activos valiosos que podían dar liquidez suficiente y de forma rápida fueron los mejores futbolistas de la plantilla. Los apuros económicos obligaron a deshilachar una plantilla confeccionada para ganar pero que acababa de cerrar un año nefasto. El Valencia parecía haberse convertido en un equipo que en los próximos años podía pasar por serios apuros para mantener la categoría. Además, las salidas de hombres importantes se suplieron con futbolistas del Mestalla, con un corazón henchido de voluntad, pero con una cabeza falta de experiencia. Aquel equipo compuesto en gran parte por hombres de la casa cumpliría el objetivo de no descender, meta poco ambiciosa para un club como el Valencia pero que tenía que fijarse por las circunstancias.

En el 84 se disputó la Eurocopa de Francia de 1984 y tan solo un jugador del blanquinegro es llamado por su selección, Robert Fernández, que había cuajado un gran año y, tal y como refleja el libro Un club de leyenda de Enrique Miquel Benedicto, en el Valencia del impasse entre los triunfos e finales de los 70 y principios de los 80, esas temporadas algo grises del Valencia, Rober Fernández destacó sobre los demás. El castellonense viajó a tierras galas con España, pero tan solo llegó a disputar seis minutos de juego en la final en la que ‘La Roja’ cayó ante la anfitriona Francia en el día del fatídico error de Arconada.

Los peores años de la década

El Valencia lograría al año siguiente, en la temporada 1984/85, quedar en mitad tabla, salvando de nuevo los muebles. Sin embargo, como rol de club vendedor que había adoptado, la entidad tuvo que dejar ir a un hombre cuya marcha rompió el corazón de miles de valencianistas, Mario Alberto Kempes. El barco se quedaba a la deriva sin su capitán, y no había certeza de que pudiese llegar a buen puerto. No obstante, lo peor aún estaba por llegar. 

Si la marcha del máximo ídolo de la historia del Valencia no fue suficiente castigo para el valencianismo, la campaña 1985/86 le tenía reservada una sorpresa aún peor a la entidad blanquinegra. La crisis económica no menguaba y los canteranos seguían siendo los encargados de tirar del carro. Sin estabilidad financiera y un proyecto deportivo basado en la austeridad, el murciélago cayó en el abismo al que poco a poco se había ido aproximando en los últimos años. El Valencia C.F., aquella temporada, consumó el primer y único descenso de su historia a Segunda División. 

Por suerte, la pesadilla no se alargaría más de lo debido y el Valencia lograría regresar al año siguiente a la élite del fútbol español con la recién estrenada presidencia de Arturo Tuzón, que sería clave para el futuro del club. Durante su estancia en Segunda División, la afición no abandonó al equipo en ningún momento y la respuesta de la hinchada fue increíble. En el libro 100 años 100 historias del periodista Fran Guaita, el exfutbolista del Valencia Javier Subirats declaró: “Devolverle a la afición lo que un año antes le habíamos quitado fue un gran descanso”.

Tanto en la temporada del ascenso como en la siguiente, la 1987/88, el Valencia C.F. parecía recuperarse paulatinamente de la crisis económica que tantos años le había atormentado y que acabó, incluso, por arrastrar al equipo a la división de plata. El equipo que ascendió compuso casi la totalidad de la plantilla que disputaría el primer año de nuevo en Primera División. Como es lógico, con un equipo plagado de canteranos y futbolistas que venían de Segunda, el Valencia no tenía grandes aspiraciones, y cumplió su objetivo de no descender pasando apuros. En un contexto en el que el Valencia sufrió para salvar la categoría, es lógico que ninguno de los integrantes de la plantilla valencianista fuera llamado a filas para unirse a su selección nacional de cara a la Eurocopa de Alemania Federal de 1988, siendo la primera vez que la entidad de Mestalla no tenía representación en una Eurocopa desde la primera edición, la de 1960. Las buenas noticias llegaban en el apartado económico, debido a que el Valencia seguía generando superávit y la deuda menguaba gradualmente gracias a la buena gestión de Tuzón.

Destellos en la lobreguez

La Década Ominosa del Valencia C.F. no fue siempre igual de oscura y pueden vislumbrarse años brillantes, y la temporada 1988/89 fue uno de ellos. La campaña comenzó marcada por una decisión deportiva, la contratación del uruguayo Víctor Espárrago como nuevo entrenador blanquinegro. Con el charrúa sentado en el banquillo, el Valencia experimentó un notable salto de calidad en su juego y finalizó la temporada en tercer lugar. El Valencia había pasado de un año para otro del sufrimiento a la gloria, y Espárrago y la plantilla repetirían hazaña al año siguiente finalizando subcampeones de liga. Sin embargo, en la tercera campaña al frente del Valencia, Víctor Espárrago quedaría fuera de Europa tras finalizar el club de Mestalla séptimo en la clasificación. Aquel no fue un buen año del Valencia sobre el césped, pero a nivel financiero el club seguía rebajando la deuda y la crisis parecía estar ampliamente controlada. 

El Valencia afrontó el último año de la Década Ominosa, la temporada 1991/92, con un cambio en el banquillo, Espárrago se marcharía a entrenar al Sevilla y sería Guus Hiddink el encargado de coger las riendas del Valencia C.F. La temporada fue magnífica y los valencianistas quedaron cuartos a tan solo siete puntos del F.C. Barcelona, que se proclamó campeón de aquella liga. Además, aunque durante la era Tuzón se había logrado acabar con gran parte de la deuda, el Valencia seguía debiendo dinero, por lo que aquel año, al igual que todos los clubes excepto Real Madrid, Barcelona, Athletic y Osasuna, pasó a convertirse en Sociedad Anónima Deportiva.

A pesar del buen hacer valencianista en aquella campaña 1991/92, ninguno de los integrantes de la plantilla pudo disputar la Eurocopa de Suecia de 1992. La gran mayoría de la plantilla blanquinegra estaba compuesta por jugadores nacionales, y aunque varios futbolistas como Fernando Gómez Colomer o Quique Sánchez Flores sí habían acudido con la Selección Española a disputar la fase previa del torneo, ‘La Roja’ acabó, finalmente, por no clasificarse para la cita, y el Valencia volvió a quedarse sin representación en una Eurocopa. 

A partir de aquella Eurocopa el murciélago levantó definitivamente el vuelo y en los años posteriores, en lo que a Eurocopas se refiere, siempre aportó jugadores al torneo. En la siguiente Eurocopa, la de Inglaterra 96, Andoni Zubizarreta y Jorge Otero sí fueron convocados y, de hecho, el meta vasco fue titular. De esta forma, ambos futbolistas cerraron, al fin, una brecha que se había agrandado demasiado en el tiempo. Desde entonces, en mayor o menor medida, siempre ha habido algún murciélago en la cita continental de naciones. 

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