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El fútbol español vivió a finales de la década pasada y principios de ésta el mejor periplo de su historia. La Selección consiguió una histórica triple corona (Eurocopa-Mundial-Eurocopa) gracias a un juego reconocible, dinámico y efectivo que maravilló en todo el mundo. El entrenador que prendió la mecha y alumbró el camino no fue otro que Luis Aragonés, que a base de personalidad, buenas decisiones y un marcado gen ganador logró construir un equipo dominante en el que el Valencia C.F. tuvo buena cuota de protagonismo. 

“¿Por qué España no gana nada?” Le preguntaron al ‘Sabio de Hortaleza’ antes de entrenar a la Selección, según recoge Sportball. “Porque nuestro fútbol no está definido. Todos sabemos que Italia juega a la italiana; que Argentina aplica al fútbol la idiosincrasia de su pueblo; Alemania, lo mismo; Brasil, lo mismo… Sin embargo, nosotros no estamos definidos por parte del entorno, ni de los jugadores, ni de la prensa, ni de los entrenadores…”, respondió. La tarea estaba clara: debía encontrar una filosofía, ponerle el copyright a un estilo de juego y dotar al balompié nacional de una identidad propia.

Conseguirlo no fue un camino de rosas, los procesos en las selecciones son algo más complejos que en los clubes por la dilatación temporal de las concentraciones y el entorno no parecía dispuesto a ponérselo fácil. Tras caer en el Mundial de 2006 y perder en Estocolmo y Belfast a principios de la fase de clasificación para la Eurocopa de 2008, las voces críticas elevaron el tono y pusieron a Aragonés en el centro de la diana. Aunque el técnico reconoció en una entrevista a Don Balón que estas críticas generaron insultos hacia él y su familia, siguió tomando decisiones valientes, decididas y que el tiempo demostró que fueron acertadas, haciendo languidecer a sus detractores. 

¿Por qué España no gana nada? Porque nuestro fútbol no está definido. Todos sabemos que Italia juega a la italiana; que Argentina aplica al fútbol la idiosincrasia de su pueblo; Alemania, lo mismo; Brasil, lo mismo… Sin embargo, nosotros no estamos definidos por parte del entorno, ni de los jugadores, ni de la prensa, ni de los entrenadores… 

Luis Aragonés

El seleccionador tenía un plan, siguió adelante con él y lo supo transmitir a sus futbolistas. Poco a poco fue moldeando a su equipo como un muñeco de barro y los resultados se vieron a medida que avanzaba la fase de clasificación. Con la meritocracia por bandera creó un grupo de jugadores muy comprometidos y que supieron interpretar su estilo de juego. Aragonés construyó un equipo muy plural –pescando hasta en once equipos- y se desligó de la presión mediática que suele jugar en favor de los futbolistas de FC Barcelona y Real Madrid. “Luis armó un equipo muy coral, convocó a los mejores jugadores para su forma de jugar de muchos equipos diferentes”, explica César Izquierdo, periodista especializado en fútbol internacional.

“Juego así porque quiero y porque los jugadores que convoco son de este perfil y jugaría de otra manera si convocara a otros jugadores”, reivindicaba el propio Luis en sala de prensa. Y con sus 23 hombres de confianza viajó a Austria y Suiza el verano de 2008 para hacer historia. El juego que desplegó el equipo fue una auténtica bocanada de aire fresco, España por fin llegaba a un gran campeonato como un bloque compacto y con las ideas claras, sabiendo qué hacer en cada momento y sin dejar lugar a la improvisación.

Un equipo muy completo

La Roja edificó su supremacía a través de la querencia por la pelota y el juego asociativo. El equipo partía con un 1-4-4-2 con David Silva y Andrés Iniesta en los costados con total libertad para encontrarse constantemente y fortalecer el juego interior. España consiguió dotar a su fútbol de apoyos constantes y una velocidad de circulación muy difícil de contener por los rivales, que se veían desbordados por la dificultad de seguir las marcas y atar en corto a los jugadores españoles. La acumulación de futbolistas alrededor de la pelota, además, posibilitó una efectiva presión tras pérdida para recuperar el balón pronto y en una zona adelantada.

Luis buscó la amplitud con los laterales muy abiertos y la profundidad con los delanteros haciendo el campo grande y generando espacios para que se encontraran los centrocampistas, muy móviles y dañinos entre líneas. El partido contra Rusia en semifinales fue el mayor ejemplo de ello; el equipo soviético venía de eliminar a Países Bajos con una exhibición de Andrei Arshavin, pero contra España se mostró totalmente impotente ante el vendaval de fútbol desplegado.

Pero lejos de limitarse al juego de posición y de acumulación de toques hasta llegar a portería, la Selección demostró ser un equipo que dominaba muchos registros del juego. “Fue un equipo muy completo, no solamente tocaba y dominaba. Torres y Villa le daban una profundidad y una fuerza para el contraataque y el ataque rápido al equipo poco halagada, pero muy real. También a balón parado resolvía partidos”, comenta César Izquierdo. Esa versatilidad le hizo más difícil de detener si cabe, pues el equipo era capaz tanto de elaborar una jugada durante varios minutos como de plantarse en el área con una transición rápida o un balón al espacio para que dos delanteros con velocidad y colmillo como Villa y Torres lo atacaran con voracidad.

Factor motivacional

Además de implantar un juego vistoso y representativo, uno de los mayores éxitos de Luis Aragonés fue generar ese sentimiento de militancia de sus jugadores, a los que hizo creer tanto en la idea como en sus posibilidades de éxito. “Luis nos decía que él tenía que decir que podíamos ser campeones, pero que, además de eso, lo creía. Incluso cuando no esperábamos que pudiéramos ganar algunos partidos él siempre salía con lo mismo: podéis ser campeones”, relata Xavi Hernández, director de orquesta de aquel equipo desde el centro del campo, en una entrevista en la revista de la Real Federación Española de Fútbol.

Que la historia del fútbol español estaba cerca de cambiar se empezó a ver de manera clara en cuartos de final, la ronda ‘maldita’ en la que España había caído tantas veces en mundiales y eurocopas. Tocó Italia, vigente campeona del Mundo, y España la doblegó durante los 120 minutos de partido disparando el doble de veces y combinando con una precisión milimétrica, sobresaliendo aquel día la figura del valencianista David Silva. El duelo se tuvo que resolver en penaltis como en el 2000 contra Francia, pero esta vez contra la zozobra y las dudas de otras citas reinó la determinación. El equipo tenía madera de campeón.

Luis nos decía que él tenía que decir que podíamos ser campeones, pero que, además de eso, lo creía. Incluso cuando no esperábamos que pudiéramos ganar algunos partidos él siempre salía con lo mismo: podéis ser campeones

Xavi Hernández

El Valencia C.F. fue el equipo que más jugadores aportó

Luis Aragonés confeccionó la lista con futbolistas de hasta once equipos distintos y la entidad de Mestalla fue la que más aportó con cuatro integrantes. “Luis siempre confió mucho en el Valencia”, cuenta el periodista valenciano Alberto Santamaría.  Raúl Albiol, Carlos Marchena, David Silva y David Villa fueron los representantes blanquinegros que se colgaron al cuello la medalla de campeones y los tres últimos, de hecho, tuvieron una importancia capital en el equipo. “En esa Eurocopa el nivel de los jugadores del Valencia era altísimo. Fueron fundamentales y tenían una participación importante, una incidencia directa. No eran un fondo de armario”, explica Pablo Leiva, experto en fútbol internacional

A pesar de que el Valencia tuvo un año aciago a causa de la mala gestión del equipo de Ronald Koeman, el seleccionador nacional conocía de primera mano a los jugadores valencianistas y sabía lo que le podían ofrecer. Al que muy a su pesar no se pudo llevar fue a David Albelda, pues el técnico neerlandés le apartó y lo dejó falto de ritmo para una competición de la envergadura de una Eurocopa. El capitán había sido un fijo para Aragonés, que se mojó públicamente a su favor, pero las circunstancias le privaron de un merecido título de campeón.

Un entrenador camaleónico

“Desde que en 2006 llegó a la selección nacional Luis Aragonés ha tratado de imponer un estilo de juego adaptado a las condiciones de sus jugadores y no al contrario. Una sabia decisión. La forma de jugar de un equipo, su perfil táctico y hasta el más difícil de asegurar o de modelar, el anímico, han de responder siempre a las exigencias de los futbolistas que se manejan. Otra cosa sería un enorme absurdo”, explicaba el periodista Luis Arnáiz en su tribuna como director de la Revista de la RFEF.

La Selección Española campeona de Europa fue la magnum opus de Luis Aragonés, pues pudo contar con una gran generación de futbolistas y tuvo la suerte de poder confeccionar un equipo con el que construir una filosofía de juego muy determinada. Pero en su currículo contaba ya con trece experiencias en los banquillos profesionales y en cada uno de ellos siguió la máxima de adaptarse a los jugadores que tenía en aras de exprimir al máximo todo su potencial.

“A Luis Aragonés le gustaba el balón, el saber cómo jugarlo y si tenía que hacer robo y salida rápida a la contra lo hacía. Por ejemplo su Mallorca también era un equipo muy vertical”, explica Pablo Leiva. Otro equipo de referencia en la carrera del Sabio de Hortaleza fue precisamente el Valencia C.F. de la temporada 95-96 que se quedó a un suspiro de ser campeón de Liga. Con el combinado de Mestalla, Aragonés fue un entrenador “de contraataque rápido, transiciones vertiginosas y más parecido al estilo de Benítez que al tiki-taka”, comenta el historiador y periodista valenciano Paco Lloret.

Inteligencia, carácter y dedicación al fútbol resumieron la carrera de Luis Aragonés, que tras más de 30 años como entrenador asumió el reto de dirigir a la Selección y la ubicó en la senda más exitosa de su historia. Y no solamente eso, sino que también creó, al fin, una forma de jugar “a la española”.

Clave para desarrollar su juego

El mediapunta canario fue un jugador fundamental para poner en práctica el estilo dinámico y asociativo que gobernó Europa. 

Villa fue el gol

Luis Aragonés le dio la alternativa y él se convirtió en el ‘7’ de España. La decisión del técnico fue muy cuestionada, pero del asturiano demostró que fue un acierto y dio otra dimensión al frente de ataque español.

Su hombre de confianza

Carlos Marchena fue siempre un fijo para Luis Aragonés en la retaguardia. Su capacidad defensiva y de adaptación a todo tipo de contextos le convirtieron en hombre clave del éxito español. 

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