Ayer fue uno de los días más duros de mi vida. Se nos marchaba de forma dolosa e inesperada el gran Paco Rius. Aún con el nudo en la garganta, creo oportuno redactar unas líneas en homenaje a un gran valencianista y, sobre todo, a una grandísima persona.

Conocí a Paco hace ya nueve años, yo tenía tan solo doce y pisaba por primera vez el Antonio Puchades -Miniestadi por aquel entonces- para ver jugar a unos tales Portu, Bernat o Salva Ruiz.

La primera vez que fui y me senté en la tribuna algo me llamó la atención de él, a pesar de estar junto a otros fotógrafos, su actitud era bien distinta, gritaba los goles y se maldecía si alguno de “sus chicos” recibía una mala patada. Su cámara, más modesta que la del resto, indicaba que no era de un medio de comunicación.

La experiencia fue increíble, por lo que decidí volver cada dos semanas a ver los partidos del Mestalla y me percaté de que allí seguía él, semana tras semana con peto de fotógrafo y viviendo el choque a su manera. Me picaba la curiosidad y finalmente un día decidí saludarle. Desde entonces, cada vez que me lo cruzaba hablábamos algo del equipo, la dinámica, los jugadores.

Pasaron varias temporadas y empezó a entrarme el gusanillo por el mundo del periodismo y, como no, hice mis primeras crónicas sobre el filial valencianista. Probablemente era, a parte de mis padres, mi único lector. Luego empecé en la radio y le invitamos a una tertulia, recuerdo que trajo camisetas de Juan Mata, Paco Alcácer y demás canteranos, solamente por el gusto de enseñarnos una parte de su colección. Su amor por la cantera era desinteresado, encomiable y, sobre todo, contagioso.

A lo largo de estos años siempre le he considerado un referente, de él he podido aprender muchas cosas. A mi juicio, Paco siempre encarnó los valores que deben abanderar el fútbol base. Siempre hablando en clave formativa, siempre transmitiendo esa transigencia con el error como pilar de crecimiento, siempre atento del estado anímico de los jugadores. Les llamaba, les felicitaba, les daba ánimos y consejos. Futbolistas que ahora lo son todo en la élite ayer exteriorizaron lo que Paco ha significado para ellos.

El Club Deportivo Mestalla -denominación fundacional que siempre reivindicó- fue para él algo más que una pasión, gestionó una web sin ánimo de lucro alguno para registrar la carrera de todos y cada uno de sus jugadores, les hacía fotos simplemente por gusto y para compartirlas con ellos.

Ahora nos deja a nosotros un importante legado, cubrir el día a día de los más jóvenes con el rigor, la pasión y, ante todo, el cariño que merecen. Allá donde estés, Paco, te prometo lucharé cada día para cumplir con ello. Fuiste mi primer lector y me transmitiste unos valores que siempre llevaré por bandera. Gracias por todo, descansa en paz y hasta siempre.

Tu amigo, Pau Pardo.

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