La pomposidad de un gol, un regate o una jugada de asociación suelen llevarse todas las portadas y eclipsar todo lo demás. Los premios individuales van a parar generalmente a las manos de futbolistas creadores de juego ofensivo, de artilleros y dribladores. No obstante, el denostado arte de la neutralización, concebido para frenar a estos genios de la pelota, en ocasiones recibe el reconocimiento que se merece. Algunos marcajes, de hecho, se cuelan en los libros de historia y se incrustan en la retina de los aficionados. El del valencianista Manuel Polinario “Poli” a Bobby Charlton en cuartos de final de la Eurocopa del 68 en el mítico escenario de Wembley estuvo a cinco minutos de conseguirlo.

España defendía el título de campeón de Europa con el exentrenador del Valencia, Domingo Balmanya, sentado en el banquillo de la selección y visitaba en cuartos de final a la vigente campeona mundial, la Inglaterra de Sir Alf Ramsey en cuyas filas militaban verdaderas leyendas como Gordon Banks, Bobby Moore, Allan Ball o Bobby Charlton. El último de ellos, un jugador adelantado a su tiempo por calidad y velocidad de ejecución, marcaba el tempo del fútbol internacional con los Three Lions y de clubes con el Manchester United. El encargado de pararle los pies fue Poli.

Ya en la previa del partido, marcada por la nieve y la estrategia mediática de Balmanya –que dijo a medios ingleses que iría al ataque y a españoles que iría a la defensiva- se empezaba a barruntar que la tarea de emparejarse con Charlton recaería sobre el jugador blanquinegro por su velocidad, dureza y tenacidad, liberando así a Pirri en labores de creación.  “Poli era un ir y venir continuo incansable al lado de Pep Claramunt”, explica el historiador Jesús Ramos en el Diario Marca sobre el futbolista de Puente Genil.

La estrategia salió tal y como estaba planeada. “Hemos de escribir el nombre de Poli porque consumió el cuentakilómetros de sus piernas y dejó sin aire a sus pulmones (…). Hizo pequeño ayer, pese a ser tan grande, al fabuloso Bobby Charlton. Y la razón más evidente está en que el inglés pasó por el campo sin batuta; acaso, con una pequeña sombra, la del jugador valencianista, que volaba, que corría y que, para colmo de venturas, dio el balón como los mismos maestros”, rezaba la crónica de Alfil en el periódico Las Provincias.

El ‘correcaminos’ –como le llamaba la afición de Mestalla según Ciberche– hizo honor a su mote y consiguió detener con éxito a un Charlton en el clímax de su carrera, pero el genio británico acabó decantando la balanza en la única situación del juego en la que podía desembarazarse de la asfixiante sombra del valencianista: a balón parado. La actuación de puro coraje del valencianista acabó quedando en papel mojado a solamente cinco minutos de cosechar un valioso empate en la cancha de la mejor selección del planeta.

Poli hizo un gran partido. Su misión en el campo era anular completamente a Charlton, uno de los mejores del mundo en aquel momento, y estuvo extraordinario, haciendo un trabajo sensacional y no dejándole tocar la pelota. Lástima que pudiera decidir el partido a balón parado, era un jugador fuera de serie. 

Pep Claramunt

Compañero de Poli aquel partido (En una entrevista para este medio)

Ansola y Claramunt también participaron

La prolífica plantilla del murciélago, que venía de cosechar una Copa del Generalísimo un año antes y de firmar el cuarto puesto en Liga, aportó tres jugadores al combinado nacional. Además del citado Poli, también jugador el delantero Fernando Ansola y el centrocampista Pep Claramunt, que por aquel entonces tenía solamente 22 años.

El delantero vasco se las tuvo que ver, precisamente, con el otro Charlton. Jackie, hermano de Bobby, es toda una institución en el Leeds United, equipo con el que ganó cinco títulos incluida la Liga de 1969 y dos títulos europeos –Copas de Ferias ante Barça y Juventus- y tuvo que sudar para defender al corpulento atacante valencianista, que realizó un gran trabajo para abrir espacios a la segunda unidad del ataque español. Anecdóticamente, ya en la década de los 60 se describía a los ‘9’ de área como “ariete antiguo”, como se puede observar en el análisis del partido del periódico Las Provincias.

El futbolista que, sin duda, mostró sus credenciales en una actuación que asombró a propios y extraños fue Claramunt. El de Puçol, todavía en su etapa pre-Di Stefano, es decir, siendo un futbolista eminentemente ofensivo y acostumbrado a jugar en posiciones de ataque, puso su rúbrica con una exhibición de cabalgadas y acciones técnicas. “No pecamos de exageración al decir que fue el Claramunt de Mestalla. Cuando ocupaba la zona de exterior zurdo anduvo como pudo, pero cuando entraba en el centro, cuando hacía correr el balón cara a puerta, los ingleses temblaban, porque sus quiebros hacían perder el equilibrio… y la paciencia. Allá, en el inmenso Wembley –ante 100.000 personas-, dejó Claramunt constancia de su clase”, atestiguaba el rotativo valenciano.

El propio Claramunt lo recuerda de la siguiente manera 52 años después de aquel encuentro: «Era un chaval muy joven y fue una grandísima ilusión poder jugar en un campo tan emblemático y que era la Catedral del Fútbol Mundial. Recuerdo también llegar a Londres con todo nevado, entrenar con el campo helado… El partido lo jugué en la banda izquierda por la lesión de Gento y otros extremos, yo venía de marcarle un hat-trick al Pontevedra el domingo jugando de extremo y Balmanya me puso ahí. Tuve una ocasión para ganar el partido, pero Inglaterra tenía un gran portero como Gordon Banks que lo evitó».

La selección inglesa era el equipo del momento, contaba con varias estrellas y un entrenador que los guio hacia lo más alto. A pesar del respeto que desprendían, ni Claramunt, ni por supuesto Poli, que bailó con la más fea, se amilanaron en ningún momento. Ese gen batallador fue clave para, tres años más tarde, alzarse con el campeonato de liga con la camiseta del Valencia C.F.

Entrevista a Pep Claramunt

El de Puçol participó en aquel partido y de ello habla en una entrevista concedida a este Especial Valencianistas en la Eurocopa

Domingo Balmanya

Fue el entrenador aquella noche y el encargado de hacer debutar a Poli y Claramunt con el combinado nacional. Además, se convirtió en el primer técnico en sentarse en el banquillo de Mestalla y en dirigir en una Eurocopa. 

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